La primera vez que la vi arrastraba una maleta de soledad
en la mirada. Con aires de mujer fatal intentaba esconder detrás de su frágil
sonrisa el crudo infierno que guardaba en su corazón.
Mi mente se perdía en cada vaivén de sus caderas. No
sabría decir que había en ella que me resultaba tan adictivo.
En aquel agujero que tan dignamente llamaba apartamento
vivimos aquel desvarío. Besos furtivos, tibias caricias y el reloj como nuestro
peor enemigo.
Apuro el café mientras recuerdo una vez más aquella mujer que un día hipotecó mi
razón.

Eres grande, Inés.
ResponderEliminarEsto es poesía pura."arrastraba una maleta de soledad en los ojos". M3 parwce
Me parece maravilloso ese comienzo.
ResponderEliminarQuería decir.