Esta tarde estoy nervioso. Es una tarde muy especial para mí. El día que llevo soñando desde que Jesús, mi padre, me llevara por primera vez a una librería. Aquella habitación repleta de libros me fascinó de tal manera que marcó un antes y un después en mi infancia. Recuerdo los veranos sentado bajo el abedul leyendo una y otra vez mis cuentos, mientras mis primos bajaban a jugar al río.
Cuando aprendí a escribir bien, comencé a llenar mis libretas de historias de piratas, bandidos,astronautas, y no he parado hasta hoy.
Miro el reloj, son las siete y media. Mi representante me pide que vaya ocupando mi lugar, la firma esta a punto de empezar. Miro por la ventana y veo la cara ilusionada de los lectores en fila.
Antes de empezar abro el libro y leo con agradecimiento y nostalgia la dedicatoria,
" A mi padre que un día me enseñó la magia de los libros".
