...Clarisa decidió alejarse del ruidoso escenario y
comenzar a organizar las cajas con los libros que se llevaría de la biblioteca.
La estancia le había resultado siempre un lugar mágico, aunque en su infancia
fuese un lugar vetado para los niños. Todo estaba en un estricto orden, como
estricta había sido la vida de los que allí vivieron. Las enormes estanterías
repletas de todo tipo de ejemplares la maravillaron una vez más. Paso la yema
de los dedos por los lomos acariciándolos con mimo. Siempre había considerado
el tacto de un libro como uno de esos pequeños placeres que la vida te ofrece.
Un pequeño tomo rojo de letras doradas llamó su atención. Lo reconoció al
instante. Era el ...