lunes, 28 de abril de 2014

Nostalgia


Cuando llego a la salita de estar antigua habitación de su hijo Cósme, María mullía con energía los cojines del sillón de cuero marrón.
Encima de la mesa junto a su pastillero diario esperaba un tazón de leche todavía caliente. Le dio un beso agradecido. Se sentó y comenzó una nueva batalla contra los temblores que hoy parecían querer ganar la partida.
Miró a través de la ventana y detuvo su atención en unos jóvenes que bromeaban en el portal rebosantes de vida. María lo observó con ternura en la mirada y le acercó el tazón a los labios mientras una lágrima corría por su mejilla.

sábado, 19 de abril de 2014

LA CIUDAD DEL AMOR










La mañana se despertaba envuelta de esa alegría que provoca la llegada de una primavera, que inunda cada rincón de la ciudad de luz aroma y color.
Sobre la mesa de la cafetería, junto a un café negro bien cargado, una pila de guías de viajes esperaban a que Martina, les echara un último vistazo. París, Nueva York, San Francisco, Cancún ... Era su primer viaje al extranjero y los nervios unidos a la ilusión le hacia dudar de  su destino.
La ojeo una a una  sin prisa. Se detuvo con intensa curiosidad en la guía de París, siempre había deseado subir a la torre Eiffel, pasear por sus calles llenas de luz y como en aquel libro que tanto le gusto, tirar un corcho al Sena.
¡Decidido!, iría a París, la ciudad del amor pero sin amor.

martes, 8 de abril de 2014

SILENCIOS


Antes de que los primeros rayos de sol entraran por la ventana, Clarisa estaba ya en el destartalado desván recogiendo las escasas pertenencias de su madre.
En una caja de hojalata algunas fotos recordaban una vida lejana y feliz. Rozó con la yema de los dedos una cinta de pasamanería, último recuerdo que quedaba de su vestido de novia.
Respiró hondo y pensó en sus últimas y duras palabras hacia ella.
_Te odio.
Durante todos estos años el orgullo pudo más que el amor y ahora ya, pasado el tiempo, jamás podría decirle:
-Lo siento.


jueves, 3 de abril de 2014

SIN DESTINO



La estación estaba abarrotada de gente que caminaba de un lado a otro arrastrando su vida en pesadas maletas. Por un momento esa imagen le recordó a un grupo de hormigas intentando acercar su carga hasta el hormiguero.
Frente a la ventanilla encontró un rostro vulgarmente familiar. Pidió un billete y después de tener que repetir varias veces su destino, a una empleada mas pendiente de sus uñas que de su trabajo, por fin consiguió su ansiado billete.
Se sentó en un banco en el andén y miro el enorme reloj de hierro forjado, comprobando para su tranquilidad que las agujas estaban en la posición correcta.
colocó la pequeña maleta sobre sus piernas, apretándola con fuerza y mantuvo la mirada fija en las vías.
Una voz ronca anunciaba por megafonía que su tren que su tren estaba a punto de entrar en la estación.
El gigante de hierro se paró unos minutos frente a él, arrogante, como si estuviera retando y acto seguido reanudó su marcha.
Damián se levantó arrugó el billete con rabia, lo arrojo a la papelera y se marchó de allí una vez más.
Aun no estaba preparado para volver.