SILENCIOS
Antes de que los primeros rayos de sol entraran por la ventana, Clarisa estaba ya en el destartalado desván recogiendo las escasas pertenencias de su madre.
En una caja de hojalata algunas fotos recordaban una vida lejana y feliz. Rozó con la yema de los dedos una cinta de pasamanería, último recuerdo que quedaba de su vestido de novia.
Respiró hondo y pensó en sus últimas y duras palabras hacia ella.
_Te odio.
Durante todos estos años el orgullo pudo más que el amor y ahora ya, pasado el tiempo, jamás podría decirle:
-Lo siento.
