lunes, 7 de agosto de 2017

Un vals para olvidarte



Cuando supo de la muerte de tía Ernestina notó cierto alivio, aunque también cierto fastidio por tener que ocuparse de organizar todo lo que aquella vieja loca había guardado durante años.
Al abrir una de las cajas un leve sonido le hizo estremecerse. Tomó el pequeño objeto entre sus manos y esbozó una sonrisa. Después de tantos años allí seguía la joven bailarina rusa bailando sobre sus diminutos pies, el vals que durante su infancia veló sus sueños y que esa fría mañana de Abril había conseguido ablandar su duro corazón.




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