Los últimos rayos de un atardecer que tocaba a su fin se
colaban por la ventana entreabierta. Un ligero viento hacia que las cortinas
que cubrían las ventanas se movieran en un delicado vals. Todo en el salón rojo
invitaba a perderse en una cálida velada si no fuera por el rencor que viciaba el ambiente. Al fondo de la sala el regio piano esperaba en silencio. Viola
desde su sillón lo miraba paciente. En su cabeza repasaba las mismas notas una
y otra vez. Notas guardadas en su memoria y grabadas en el corazón. Se levantó con sosiego y se acercó hasta él.
Las yemas de sus dedos rozaron con delicadeza sus teclas sintiendo como todo su
cuerpo se estremecía. Ante la brusca
mirada de Iván se sentó frente a las partituras y comenzó a tocar esa melodía que
lo enloquecía a él y ayudaba a vivir a Viola.

No hay comentarios:
Publicar un comentario