TÚ QUE TANTO HAS BESADO.
Por
la calle del Desengaño Julia caminaba con la mirada perdida mientras intentaba
olvidar la guerra fría que acababa de vivir entre sus sábanas. Al entrar en el
Palentino, pidió un café bien caliente, con la esperanza vana de que calentara
también su corazón, cansado de latir.
Desde
el rincón junto al ventanal escuchaba las conversaciones de un grupo de
jóvenes, conversaciones que sabían a vida. Al marcharse recogió un libro
olvidado sobre una mesa. Unos metros más allá ocupó su esquina. Los clientes
que solicitaban sus servicios se marchaban molestos ante su indiferencia. Como
una estatua de bronce allí parada, Julia dejo por un momento su vida cenicienta
a un lado, y voló entre historias con final feliz.

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